Disfrutó de una última cerveza, saboreando una última película: Forrest Gump. Le cargaban los estrenos y era malo para ver películas, pero Forrest... tenía algo especial. Hacía desear que fuera idiota.
Se sentía a cada momento menos especial, no parecía ser una imagen de neo-grunge, ni una patética imagen de un hombre solitario, simplemente se deprimía por cosas vagas, y una de esas... era él.
Su paupérrima situación de autoestima hacía que se sintiera cada vez más inteligente y eso lo hacía sufrir.
Se inyectó por última vez, él pensaba en una dosis fuerte de algún veneno fuerte, algo nuevo, para morir con elegancia, para morir con lo que no tenía. Recordó entonces que el aire es peor aún que todo lo que el hombre haya podido crear.
Murió así, con una última bocanada de aire. Una última dosis más fuerte, no sólo por la nariz
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