Sentado en la mesa, opinaba de todo y se preocupaba de todo, menos de lo que tenía que hacer. Luego de inferir que ya no tenía remedio cerró sus cosas, apagó su notebook y también la luz del comedor. Tomó vuelo, como hace mucho tiempo no lo hacía, pues se había puesto bastante sedentario, abrió el ventanal y apoyó sus manos en la baranda.
Su cuerpo desparramado muchos metros bajo su tierra definía lo que era su vida.
Igualmente, los entendidos dicen que emprendió el retorno a su hogar.
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