Esto es mucho más simple que una brutal sobrevivencia. De acuerdo a ciertos días, y según la luna, era contactado para ser instructor en un campo protegido por el país. Típico que un par de turistas ebrios o simplemente tontos se perdían en un terreno casi inexpugnable de... tierra seca y espinos. Cerros bajos con arañitas y esas yerbas para dejar de estar un par de horas en el mundo. Claro, ellos volaban, nosotros buceábamos en su búsqueda.
Era simple, no tenía para que fingir compasión por la familia de la víctima (cada día eran más), su trabajo se había vuelto nada más que eso, un mero trabajo. No había estudiado para eso (tampoco tenía el dinero), pero tuvo un poco de suerte: perderse y aparecer con el suficiente espacio mediático como para vivir de eso. Comer un poco de mierda y tomar un poco de su orina, reciclar todo de los animales muertos y, claro, evitar la desesperación y desolación abrupta con un poco de hojitas mágicas, hojitas salvadoras.
Su vida se había vuelto una tortura. Todo le parecía fome, sin energía, evidente, preocupante. Si algo había cambiado, es que había perdido cierta compasión por la cordura y los riesgos, intentando vivir al límite, pero solo. Y eso marcaba la diferencia, ya no podía estar solo.
Querría perderse de nuevo, pero sabía que aparecería de nuevo, con un ataque mediático aún peor que la otra vez, que le llenó los bolsillos, que lo graduó de personaje público, pero que, sin embargo, le quitó los tintes de felicidad de la aburrida, incolora, amorosa y monótona vida que ahora añoraba. Y es que no le quedaba nadie ya con quién jugar, nadie a quién pisar en su vuelta a casa como un semental, o en su vuelta a casa como un pobre animal perdido.
Evitaba ser hostil con los turistas, pero también evitaba tener algún grado de relación con ellos, aún cuando se aparecían las más increíbles gringas, con las mansas tetas y un buen pedazo de culo, con una entrepierna bien mojada (se podía suponer) y unas ganas bien locas de pegarse una 'cacha casual' como dirían los huevones que se tildan de hippies liberales. Y es que los encontraba a todos unos cuicos que querían caer bien al mundo porque echaban un papel al tacho de reciclaje.
Como cualquier otro día, aparecía a las 7 de la mañana y con algo de caña, pues en las cabañas vivían invitándolo a tener unas buenas movidas de piso -trago, cigarros y las hojitas gratis, gratis- y ya había aprendido inglés y podía chamullar con éxito francés y alemán (su sueño, sin embargo eran las italianas), y parecía ser un día como cualquier otro. Claro está... llevaba un año en la misma sensación, bajo la lluvia, bajo tormentas de arena, bajo temblores y réplicas del aún reciente terremoto unos cientos de kilómetros al norte. En las instrucciones y noticias yacía que un par de chilenos, una italiana y un canadiense se habían perdido en la madrugada -raro, pensaba, pues los chilenos no tiene plata ni ánimo de ir a ese lugar, por lo menos-, pero no le puso más atención que a cualquier otra cosa. En su quad emprendió viaje hacia el lugar donde debieran estar (casi siempre era el mismo, unos matorrales bajo un pequeño acantilado en el sector llamado 'terraza', pues es una roca que emula perfecto un buen lugar para... tomar, obvio para qué más podría ser; era como un cambio de espacio, pues podría considerarse como un pequeño oasis dentro del parque, todo era muy distinto al resto, y solo se podía llegar ahí por 'accidente', y sumando eso a la droga y la sed seca, la teoría de la abducción siempre es relatada). Llegó con su cara de nada, su ropa de 'seguridad', que no era más que un simple protocolo y empezó a buscar, sentía ruidos. En una de esas están vivos los 'hueones', pensó.
Así era, estaban todos sentados, parecía un comedor más, un lugar normal, discutiendo cada uno como podía, debido a la diferencia de lenguas. El inexpugnable se sorprendió, ya era una señal. Pareciera que no lo veían, no le prestaban mínima atención, aunque claro, permanecía en silencio y casi inmóvil. No había fumado ni comido hojas, así que no estaba alucinando, veía actividad normal en un lugar de locos. Sí, se arrodilló y lloró, como encontrándose con aquel que solía ser un tiempo atrás, dejándose ver para el grupo. Era su antigua amiga, una amiga de ella, una italiana (santa cachucha! estaba bien buena) y una canadiense, con rasgos latinos, cabellos oscuro y ese tipo de cosas.
Sin darse cuenta ya se había sacado la ropa, y cuando reaccionó, con cierto pudor, que era algo que también parecía haberle vuelto, los animales salvajes rondaban al rededor de él, tocándolo y llevándolo a la tierra de nuevo en una travesía espacial.
Puso a prueba todas sus fantasías, no soltaba a la italiana, fruto de sus sueños.
Dejó todo lo que podía dejar allí, y al amanecer del otro día, se vistió con lo que pudo, se despidió del grupo de mujeres, agarró su quad y partió con rumbo indefinido. En un lugar llamado 'pueblo' se estableció. El quad en su kilometraje parecía haber descontado los metros andados en el parque, tampoco dejaba evidente la supuesta suciedad. Sonreía después de mucho tiempo, abrió su billetera, salió a la calle, tomo una micro, pidió rebaja de tarifa, dijo 'gracias tío', se bajó en el centro, se metió a un bar y no salió más.
Se encontró. En un par de peleas y haciendo 'perro muerto' se encontró. En una taberna con el amor fugaz y profesional de una puta con experiencia. En una cerveza artesanal y en otra barata, en terremotos y piscolas 'La Serena+Acuenta Cola'.
Se encontró.
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