Todo lo que dijo fue usado en su propia contra. Su exceso de motivación y su incapacidad de transmitirla a los otros y otras, lo hizo caer lentamente en una bomba de tiempo, con poca resistencia y muy sensible al tacto. También lo fueron sus buenas intenciones combinadas con su falta de confianza.
Todo lo llevó a una desaparición rápida y efectiva. La gente alegó que había sido un suicidio, pero no era el caso. también se le reclamó, con pruebas explícitas, su falta de compromiso, es decir, ya nadie le creía nada.
Él nunca se había olvidado de ninguno de sus compromisos, de hecho él más que nadie se lamentaba por su inutilidad en cuanto a su estabilidad y control homeostático.
Finalmente, su muerte se oficializó como consecuencia de un acto suicida. Por ende, su caso se condenó al olvido.
Travesía a lugares insospechados en tiempos de escasez (o una estadía en casa).
sábado, 21 de junio de 2014
Flores
No estoy aquí, no quiero estar aquí, no te importa que esté aquí. No es que te intente convencer, intento que me quede claro de una buena vez.
sábado, 14 de junio de 2014
Me gusta el fútbol
Me gusta el fútbol. No me gusta porque me obligaron. Mi padre me llevó al estadio por primera vez a ver al Uní-Uní, veíamos partidos juntos, tenía familiares peleados por culpa de su afición. Pero no fue por eso que me gusta. Mi padre nunca me impuso nada, pero siempre me mostró las cosas más bonitas que hay en el mundo: desde el fútbol a la música.
Cuando niño no entendía ni una mierda, pero me gustaba ver los partidos, cuanto podía. Quería jugar con todos a la pelota, era pésimo, seguí siendo pésimo y hasta hoy nadie quiere que esté en su equipo, pero el fútbol es más que sólo talento. Aprendí las reglas, aprendí a ser hincha, aprendí a respetar como mi padre. Fallé muchas veces, falté el respeto y pido perdón por eso. Hasta hoy intentó enseñar, con ahínco y amor las reglas que no son claras, porque no sé si hay algo que me guste más que el fútbol.
Hay gente que no lo entiende. Es una fecha particularmente dura, donde uno se encuentra con gente que te ataca porque sigues algo que ellos no entienden, y está bien que no lo entiendan, no es que los quiera obligar, pero ustedes difícilmente sabrán lo que es sufrir por fútbol, y mucho menos sabrán lo que es alegrarse por el fútbol. Pero, ¿no es eso irracional? Obvio que lo es, pero no veo cuál es el problema, porque la menos para mí, llegar a esa etapa requirió mucho más que un ejercicio irracional. Uno podrá saber muchas cosas, puede informarse, puede leer de todo, pero la pelota no se mancha, es otro hueso. Si quieren lo comparan con la religión, y es probable que entreguemos toda una vida a algo que no sabemos si nos dará 'algo' a cambio, como en toda religión... pero qué más da.
A todos nos gusta creer en algo: llámenlo Dios, llámenla paz mundial, llámenla terrorismo, llámenla meditación, llámenlo comunismo, llámenle amor, llámenla 'no creo en nada'... ¿por qué no puedo creer en el fútbol? ¿Por qué no puedo ser feliz viendo como una pelota va de un lado para el otro? ¿Por qué no puedo gritar como tú gritas en un concierto o viendo una serie que no entiendo? Deja que nos desahoguemos, a todos les gusta gritar cuando llegamos a una cima: 'CONCHESUMADRE APROBÉ EL RAMO', 'OH HUEÓN EL MEDIO TEMA', o los gritos onomatopéyicos en medio de un orgasmo...
Y es que el fútbol es más que un chauvinismo, es más que una entidad financiera que te roba... el fútbol no tiene la culpa de las mierdas que están atrás. El problema en Brasil no lo trajo el fútbol. El problema en Sudáfrica no era culpa del fútbol, y su solución tampoco lo era. La ineptitud de la política y la economía global no es culpa del fútbol.
No porque me guste el fútbol soy machista, no porque me guste el fútbol soy un idiota, no porque me guste el fútbol avalo la muerte, no porque me guste el fútbol me gusta McDonalds y Coca-Cola. Es mucho más que eso. Y como es mucho más que eso, es difícil de explicar. Cómo explicarte como se siente cuando se gana. Cómo explicarte que uno de verdad se siente uno más, que hace parte de uno la victoria de 11. Cómo desear que lo entiendas.
Y si no lo entiendes, está bien. Pero no intentes quitarle el hueso al perro sólo por creerte superior.
Cuando niño no entendía ni una mierda, pero me gustaba ver los partidos, cuanto podía. Quería jugar con todos a la pelota, era pésimo, seguí siendo pésimo y hasta hoy nadie quiere que esté en su equipo, pero el fútbol es más que sólo talento. Aprendí las reglas, aprendí a ser hincha, aprendí a respetar como mi padre. Fallé muchas veces, falté el respeto y pido perdón por eso. Hasta hoy intentó enseñar, con ahínco y amor las reglas que no son claras, porque no sé si hay algo que me guste más que el fútbol.
Hay gente que no lo entiende. Es una fecha particularmente dura, donde uno se encuentra con gente que te ataca porque sigues algo que ellos no entienden, y está bien que no lo entiendan, no es que los quiera obligar, pero ustedes difícilmente sabrán lo que es sufrir por fútbol, y mucho menos sabrán lo que es alegrarse por el fútbol. Pero, ¿no es eso irracional? Obvio que lo es, pero no veo cuál es el problema, porque la menos para mí, llegar a esa etapa requirió mucho más que un ejercicio irracional. Uno podrá saber muchas cosas, puede informarse, puede leer de todo, pero la pelota no se mancha, es otro hueso. Si quieren lo comparan con la religión, y es probable que entreguemos toda una vida a algo que no sabemos si nos dará 'algo' a cambio, como en toda religión... pero qué más da.
A todos nos gusta creer en algo: llámenlo Dios, llámenla paz mundial, llámenla terrorismo, llámenla meditación, llámenlo comunismo, llámenle amor, llámenla 'no creo en nada'... ¿por qué no puedo creer en el fútbol? ¿Por qué no puedo ser feliz viendo como una pelota va de un lado para el otro? ¿Por qué no puedo gritar como tú gritas en un concierto o viendo una serie que no entiendo? Deja que nos desahoguemos, a todos les gusta gritar cuando llegamos a una cima: 'CONCHESUMADRE APROBÉ EL RAMO', 'OH HUEÓN EL MEDIO TEMA', o los gritos onomatopéyicos en medio de un orgasmo...
Y es que el fútbol es más que un chauvinismo, es más que una entidad financiera que te roba... el fútbol no tiene la culpa de las mierdas que están atrás. El problema en Brasil no lo trajo el fútbol. El problema en Sudáfrica no era culpa del fútbol, y su solución tampoco lo era. La ineptitud de la política y la economía global no es culpa del fútbol.
No porque me guste el fútbol soy machista, no porque me guste el fútbol soy un idiota, no porque me guste el fútbol avalo la muerte, no porque me guste el fútbol me gusta McDonalds y Coca-Cola. Es mucho más que eso. Y como es mucho más que eso, es difícil de explicar. Cómo explicarte como se siente cuando se gana. Cómo explicarte que uno de verdad se siente uno más, que hace parte de uno la victoria de 11. Cómo desear que lo entiendas.
Y si no lo entiendes, está bien. Pero no intentes quitarle el hueso al perro sólo por creerte superior.
martes, 3 de junio de 2014
Ariel (2)
Al pasar los días se sentía poderoso al saber todo de ella. Creía que debía aprovechar esa relación asimétrica de la que todos tanto temen: 'es un personaje público, cómo no me va a salir bien'.
Compró un pasaje a Montreal, estuvo al borde de la hipotermia (el muy imbécil no llevó ropa de invierno), pasó horas pegado a Google Street hasta llegar a su residencia. Pensaba: 'cuando sepa que me da lo mismo en qué trabaja me va a querer, al menos un poco'.
Llegó con un ramo de flores, con los ojos brillosos y con un movimiento lento y mecánico de piernas, embobado absolutamente: la polilla encontró su dulce ampolleta. Quiso abrazarla, pero cinco (o tal vez siete o seis) guardias se abalanzaron sobre él y lo dejaron inconsciente. Nadie preguntó por él, y seguramente no era el primero que intentaba abrazarla (o tal vez sí, Canadá es un país frío).
Podríamos escribir un final feliz, que ella corrió a verlo después y la pudo abrazar, que ella viajó con él para empezar una nueva vida, que él eludió a los guardias, que arrancó del hospital para pedirle matrimonio, que terminaron teniendo sexo en una plaza (subterránea, obvio), que Montreal inició su primavera anticipadamente y todo fue una gran epopeya... pero no. Lo deportaron, porque no le quedaba plata, ella no supo que la iba a ver, y le daba lo mismo (suponemos), no le quedó plata ni para souvenirs, por lo que, quedó mal con sus amigos de carne y hueso, y el ramo de flores quedó tirado en alguna calle con nombre de algún Francés.
Compró un pasaje a Montreal, estuvo al borde de la hipotermia (el muy imbécil no llevó ropa de invierno), pasó horas pegado a Google Street hasta llegar a su residencia. Pensaba: 'cuando sepa que me da lo mismo en qué trabaja me va a querer, al menos un poco'.
Llegó con un ramo de flores, con los ojos brillosos y con un movimiento lento y mecánico de piernas, embobado absolutamente: la polilla encontró su dulce ampolleta. Quiso abrazarla, pero cinco (o tal vez siete o seis) guardias se abalanzaron sobre él y lo dejaron inconsciente. Nadie preguntó por él, y seguramente no era el primero que intentaba abrazarla (o tal vez sí, Canadá es un país frío).
Podríamos escribir un final feliz, que ella corrió a verlo después y la pudo abrazar, que ella viajó con él para empezar una nueva vida, que él eludió a los guardias, que arrancó del hospital para pedirle matrimonio, que terminaron teniendo sexo en una plaza (subterránea, obvio), que Montreal inició su primavera anticipadamente y todo fue una gran epopeya... pero no. Lo deportaron, porque no le quedaba plata, ella no supo que la iba a ver, y le daba lo mismo (suponemos), no le quedó plata ni para souvenirs, por lo que, quedó mal con sus amigos de carne y hueso, y el ramo de flores quedó tirado en alguna calle con nombre de algún Francés.
miércoles, 18 de diciembre de 2013
El pensamiento platónico
El día que llegó a la universidad no divisó prácticamente a nadie. Así mismo transcurrió su primer año, como un pichón arrancando de un gato hambriento, con los papás ya lejos del nido, obligado a crecer. La ciudad natal era abismalmente diferente de esta pequeña metrópolis. Primero y principalmente, el clima era muy diferente, mucho más cálido, aunque siguiera siendo costa.
Estaba a punto de considerase asexuado. Durante un año no se preocupó de mirar a sus compañeras, se remitía a estar de acuerdo con los comentarios de sus amigos con respecto a las féminas, pero nada más. Mientras el resto jugaba League of Legends o se dedicaba a competir entre sí por quién ligaba más en las noches de juerga... él no sabía realmente lo que hacía.
Un día cualquiera, su -yo interno- se aburrió de su capa visible y decidió mandarle señales, bien claras. Se dedicó a elaborarle un sueño confuso pero claro a la vez y de no ponerle distracciones en la mañana, después de despertar, para que no se le borrara el mensaje. En resumidas cuentas, estaba en un lugar desconocido en una fiesta, con la actitud de siempre, pero las escenas se centraban en primeros planos hacia una de sus compañeras. Verónica, creo que se llamaba Verónica. Sí. Luego de un par de escenas surrealistas empujando carretas cerro arriba, guiando a las vacas a la salvación y fumando en el auto de un amigo desconocido, se dio fin al sueño.
Después de eso, la base de datos se le actualizó, por fin. Recordó a sus compañeras casi como una lista de perfiles de facebook, sus estados sentimentales, sus gustos musicales.
La Vero era una muchacha linda. Casi muy linda como para que él pudiera imaginársela por sí mismo. De hecho lo era. Tenía un par de piercings, siendo que a él no le gustaban. Tenía tatuajes, siendo que a él le intimidaba la idea de tener un miserable manchón en su piel. Se maquillaba muy bien, siendo que él no entendía nada de eso y ni se preocupaba, por lo demás. Su sonrisa era maravillosa, siendo que él odiaba las sonrisas de las mujeres de manera incomprensible. Tenía un cuerpo casi perfecto, siendo que a él le generaba cierta apatía las mujeres de figura casi perfecta. Tenía un carácter fuerte, siendo que él era débil como cualquier hoja otoñal. Era extrovertida y social, siendo que él era lejano y quisquilloso.
No era nada que buscara, quizá jamás.
Cuando almorzaba solo, ya había cambiado algo, ahora ya no estaban los fideos con huevo, ahora había un chapsuí de pavo, sacado desde lo más profundo de sus entrañas cocineras... y de internet. No lo notó, claro está, pero fue un primer paso. En esa pequeña rutina diaria, casi sagrada, empezó a darse cuenta de las imágenes
- Puta que es bonita la Vero.
Fue un avance enorme, no dejó de pensar y de actualizarse de ella. No era un psicópata en potencia, sólo utilizaba de una buena vez sus habilidades para leer a la gente. Cuando finalmente se dio cuenta que no era nada raro pensar en ella se dio su propio veredicto.
- Ella es hermosa, no hay duda de eso; no estaremos juntos, no le intereso y creo que no me interesa estar tras alguien sideralmente más interesante que yo; nunca llegaré a ser su mejor amigo; no creo ser el primero en pensar en ella.
Después de eso, se sintió sorprendentemente muy bien. Tener un pensamiento platónico le cambió su vida: habían cosas bellas y las conocía, sólo debía ponerles atención. Suena como un cambio gigante, pero en realidad su vida era tan vacía que cualquier pequeñez le generaría una torre gigante. Y así fue, la Verónica nunca se enteró, él tampoco sufrió por no contarlo.
Estaba a punto de considerase asexuado. Durante un año no se preocupó de mirar a sus compañeras, se remitía a estar de acuerdo con los comentarios de sus amigos con respecto a las féminas, pero nada más. Mientras el resto jugaba League of Legends o se dedicaba a competir entre sí por quién ligaba más en las noches de juerga... él no sabía realmente lo que hacía.
Un día cualquiera, su -yo interno- se aburrió de su capa visible y decidió mandarle señales, bien claras. Se dedicó a elaborarle un sueño confuso pero claro a la vez y de no ponerle distracciones en la mañana, después de despertar, para que no se le borrara el mensaje. En resumidas cuentas, estaba en un lugar desconocido en una fiesta, con la actitud de siempre, pero las escenas se centraban en primeros planos hacia una de sus compañeras. Verónica, creo que se llamaba Verónica. Sí. Luego de un par de escenas surrealistas empujando carretas cerro arriba, guiando a las vacas a la salvación y fumando en el auto de un amigo desconocido, se dio fin al sueño.
Después de eso, la base de datos se le actualizó, por fin. Recordó a sus compañeras casi como una lista de perfiles de facebook, sus estados sentimentales, sus gustos musicales.
La Vero era una muchacha linda. Casi muy linda como para que él pudiera imaginársela por sí mismo. De hecho lo era. Tenía un par de piercings, siendo que a él no le gustaban. Tenía tatuajes, siendo que a él le intimidaba la idea de tener un miserable manchón en su piel. Se maquillaba muy bien, siendo que él no entendía nada de eso y ni se preocupaba, por lo demás. Su sonrisa era maravillosa, siendo que él odiaba las sonrisas de las mujeres de manera incomprensible. Tenía un cuerpo casi perfecto, siendo que a él le generaba cierta apatía las mujeres de figura casi perfecta. Tenía un carácter fuerte, siendo que él era débil como cualquier hoja otoñal. Era extrovertida y social, siendo que él era lejano y quisquilloso.
No era nada que buscara, quizá jamás.
Cuando almorzaba solo, ya había cambiado algo, ahora ya no estaban los fideos con huevo, ahora había un chapsuí de pavo, sacado desde lo más profundo de sus entrañas cocineras... y de internet. No lo notó, claro está, pero fue un primer paso. En esa pequeña rutina diaria, casi sagrada, empezó a darse cuenta de las imágenes
- Puta que es bonita la Vero.
Fue un avance enorme, no dejó de pensar y de actualizarse de ella. No era un psicópata en potencia, sólo utilizaba de una buena vez sus habilidades para leer a la gente. Cuando finalmente se dio cuenta que no era nada raro pensar en ella se dio su propio veredicto.
- Ella es hermosa, no hay duda de eso; no estaremos juntos, no le intereso y creo que no me interesa estar tras alguien sideralmente más interesante que yo; nunca llegaré a ser su mejor amigo; no creo ser el primero en pensar en ella.
Después de eso, se sintió sorprendentemente muy bien. Tener un pensamiento platónico le cambió su vida: habían cosas bellas y las conocía, sólo debía ponerles atención. Suena como un cambio gigante, pero en realidad su vida era tan vacía que cualquier pequeñez le generaría una torre gigante. Y así fue, la Verónica nunca se enteró, él tampoco sufrió por no contarlo.
domingo, 15 de diciembre de 2013
Una estrella cualquiera
Brillante, era una estrella fugaz. Minutos más tarde recordó que debía pedir un deseo, con tanta angustia no logró visualizar nada interesante... estaba ansiosa y finalmente, después de 5 minutos, no logró pedir nada que fuera de verdad importante:
- ¡Ay!... ¡Quiero una pieza de sushi!
Claramente, una de las pocas estrellas con la verdadera capacidad de cumplir deseos quedo bastante anonadada. "Debe ser el peor deseo que he escuchado". Después de darse la vuelta en silencio y sin luz le tiró su pieza de sushi, un tempura de los más chantas, más encima estaba helado.
Cuando pasó la angustia que le causó el tener que elegir perdió gran parte de la concentración, así que no vio venir el tempura y cayó al piso llenándose de arena. Llegó uno de esos labradores que suelen estar en la playa esperando a que un par de jóvenes adinerados jueguen con sus paletas, y se lo comió, y pidió más, claro, con eso no se llenaría nunca.
Nadie lo asoció a la estrella que ya no es estrella. Por eso siempre es tan fugaz.
- ¡Ay!... ¡Quiero una pieza de sushi!
Claramente, una de las pocas estrellas con la verdadera capacidad de cumplir deseos quedo bastante anonadada. "Debe ser el peor deseo que he escuchado". Después de darse la vuelta en silencio y sin luz le tiró su pieza de sushi, un tempura de los más chantas, más encima estaba helado.
Cuando pasó la angustia que le causó el tener que elegir perdió gran parte de la concentración, así que no vio venir el tempura y cayó al piso llenándose de arena. Llegó uno de esos labradores que suelen estar en la playa esperando a que un par de jóvenes adinerados jueguen con sus paletas, y se lo comió, y pidió más, claro, con eso no se llenaría nunca.
Nadie lo asoció a la estrella que ya no es estrella. Por eso siempre es tan fugaz.
La única noche
La noche en que nos vimos fue la última en la que pude gozar de mi vista. No sé a qué debía atribuirlo, supongo que saqueaste mis ojos, desaparecieron junto contigo, no sé.
Nunca fui asiduo a la tecnología, nunca supe usar un GPS, era un mal espía, no supe seguirte, así que te fue bastante fácil. Tampoco tenía una vista excelente, supongo que si me engatusaste con el propósito de usar mis córneas como mercadería en el tráfico de órganos no saliste ganando. Igual acepto que puede haber sido una buena causa... qué sé yo.
La noche en que nos vimos ni siquiera hablamos. Además, yo supongo que me viste, digo, espero que me hayas visto, quería creer eso. De todas maneras no tengo métodos para conquistar así que en el caso de que así hubiera sido tampoco te habría importado mucho...
Nunca pude conquistar nada, nunca doblegué a mi compañera de colegio, no pude cumplir las fantasías con los uniformes puestos, era demasiado lerdo y ellas demasiado malas. O tal vez no, quizá nunca supe decirles nada y no se daban cuenta, simplemente.
La noche en que nos vimos fue mi última noche. Ya no tiene sentido si no veo nada, si no vuelvo a verte, si no vuelvo a ver a las demás.
En realidad no creo que, en el caso de poder tener de nuevo la posibilidad de ver... te hubiera vuelto a contemplar. Eres fugaz, fuiste fugaz. También fuiste violenta... si no te acuerdas perdí mi vista, no sé a qué debía atribuirlo, supongo que te los regalé cuando te cruzaste por única vez en mi vida.
Nunca fui asiduo a la tecnología, nunca supe usar un GPS, era un mal espía, no supe seguirte, así que te fue bastante fácil. Tampoco tenía una vista excelente, supongo que si me engatusaste con el propósito de usar mis córneas como mercadería en el tráfico de órganos no saliste ganando. Igual acepto que puede haber sido una buena causa... qué sé yo.
La noche en que nos vimos ni siquiera hablamos. Además, yo supongo que me viste, digo, espero que me hayas visto, quería creer eso. De todas maneras no tengo métodos para conquistar así que en el caso de que así hubiera sido tampoco te habría importado mucho...
Nunca pude conquistar nada, nunca doblegué a mi compañera de colegio, no pude cumplir las fantasías con los uniformes puestos, era demasiado lerdo y ellas demasiado malas. O tal vez no, quizá nunca supe decirles nada y no se daban cuenta, simplemente.
La noche en que nos vimos fue mi última noche. Ya no tiene sentido si no veo nada, si no vuelvo a verte, si no vuelvo a ver a las demás.
En realidad no creo que, en el caso de poder tener de nuevo la posibilidad de ver... te hubiera vuelto a contemplar. Eres fugaz, fuiste fugaz. También fuiste violenta... si no te acuerdas perdí mi vista, no sé a qué debía atribuirlo, supongo que te los regalé cuando te cruzaste por única vez en mi vida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)