La lluvia cae. Los amantes extasiados corren al cementerio y
se desnudan en una tumba cualquiera. No les importan las opiniones y que les
hayan sugerido ir a terapia… con urgencia.
No les gustan los cementerios parques, no les gusta que
camuflen la muerte con la condescendencia. Les gusta la muerte. Hoy hacen el
amor arriba de su representación más física. No saben si es Rojas, Rivas,
Uribe. Si fue hombre, mujer, si acaso hacía una performance transformista; si
murió joven, enfermo, borracho, exitoso. Es sólo una incertidumbre innecesaria
que abraza su metáfora sexual.
Le llaman la muerte
chiquita.
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