- Siento que lo perdí todo.
- Pero hueón', si nunca tuviste nada.
- Hmm.
Efectivamente nunca tuvo nada. Parece una exageración, pero nada se había apegado a él y él nunca se apegó a nada ni nadie.
Y tener una epifanía cerca de morir, ya levantándose del piso, al cerciorarse de que no lo soñó, que el auto seguía ahí y esa mancha oscura era su sangre y no aceite quemado, fue una sensación que parecía elemental. Y se enamoró de ella.
No buscaba morir ni ser atropellado de nuevo, pero su apego desmedido a una experiencia fortuita le generó aún más problemas adaptativos.
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